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Un muro en su río: Comunidades Ngäbe inundadas continúan luchando contra la presa

Arriba: Döegeo Gallardo y Göejet Miranda reman a casa a través de la desolada zona que alguna vez fue un río sombreado y lleno de peces (Tracy L. Barnett)

By Tracy L. Barnett
Para Global Sisters Report
Traducido por Angélica Almazán

Kiad, Ngäbe-Buglé Comarca, Panama – “Bulu Bagama es mi nombre positivo. Luis Jiménez, mi nombre negativo” comienza diciendo el anciano de Ngäbe, parado sobre una explanada de lodo seco y agrietado que cubre lo que por generaciones fue el patrimonio de su familia. El cascajo de una casa yace en ruinas, y unas pocas hojas muertas que cuelgan de un solo árbol sobreviviente proveen escasa sombra del sofocante sol del mediodía.

Estas palabras, refiriéndose a su nombre indígena y al que le fue impuesto por la dominante cultura española, resumen los sentimientos de traición de un pueblo que ha luchado amargamente por casi dos décadas para detener la presa de Barro Blanco, un proyecto hidroeléctrico que para las comunidades locales y los ambientalistas se ha convertido en un símbolo de todo lo que está mal con el modelo actual de desarrollo en Panamá.

Bulu y su esposa, Adelaida González, de pie sobre el lodo recordaron aquella terrible noche de agosto del año pasado cuando despertaron para encontrar las aguas de su sagrado Río Tabasará filtrándose a su casa. Sacaron del lodo a sus hijos y tantas de sus pertenencias como pudieron. Sus vecinos no fueron tan afortunados, sus casas fueron completamente barridas por la corriente. Un niño apenas logró escapar de ahogarse en aquellas angustiosas horas.

No se les hizo advertencia, él dice, y mientras ocurrían las negociaciones con el gobierno y con la constructora de la presa, las familias pensaban que estaban a salvo. Las comunidades afectadas de Kiad, Nuevo Palomar, Quebrada de Caña y Quebrada de Plata dicen que no fueron consultadas acerca de la inundación en sus tierras, la cual afecta directamente a alrededor de 500 personas y también provoca un impacto importante en toda la comarca Ngäbe-Buglé, un territorio autónomo que es hogar de más de 150,000 individuos de los grupos indígenas Ngäbe y Buglé. El Río Tabasará es sagrado para ellos, así como el centro ceremonial que ahora se encuentra sumergido.

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A pesar de los años de intensa resistencia, la presa fue construida río abajo, y el pasado mes de mayo el embalse comenzó a llenarse. Ahora los residentes de las comunidades inundadas están sólo pidiendo que el nivel del agua sea disminuido a los límites de su territorio, conforme a la ley.

Kiad es un importante centro cultural y ceremonial para los Ngäbe; en las orillas del río se encuentran dos grupos de petroglifos antiguos que contienen los indicios de la sabiduría de sus ancestros. Las piedras están ahora completamente sumergidas, cortando su comunicación con su pasado.

La compañía con base en Honduras, Genisa, dijo estar llevando a cabo una “inundación de prueba” en un área que, de acuerdo con su declaración de impacto ambiental, estaba deshabitada. Un engaño más de una larga lista, incluyendo la certificación de créditos de carbono bajo el Clean Development Mechanism (CDM) – Mecanismo de Desarrollo Limpio – un programa diseñado bajo el Protocolo de Kyoto para permitir a los países industrializados “compensen” sus emisiones de gas invernadero apoyando proyectos de desarrollo sustentable en países menos desarrollados.

Grupos internacionales de derechos humanos y ambientalistas han sostenido que Barro Blanco no es sustentable en lo absoluto, y que el historial de violaciones a los derechos humanos asociados al proyecto de la presa deberían hacerlo inelegible. Finalmente, el gobierno panameño revocó el registro al CDM en noviembre pasado – por primera vez en el programa CDM.

Todo lo que queda de la granja de Bulu Bagama, un recinto familiar que alguna vez fue el hogar de más de una docena de personas. (Tracy L. Barnett)

“Las tácticas que esta compañía utilizó fueron prácticamente las mismas que todas las compañías han utilizado – falsificar estudios, no hacer entrevistas o realizarlas lejos de las comunidades afectadas”, dice el Padre Joe Fitzgerald, un miembro de la comunidad Vicentina de Soloy, que ha ministrado en el pueblo Ngäbe de la región por doce años.

“Genisa ha sido horrible en todo su manejo de la situación.”

El proyecto fue temporalmente suspendido en parte por incumplimiento de la evaluación de impacto ambiental, pero la suspensión eventualmente fue retirada y el proyecto continuó.

Genisa no ha respondido ni por teléfono ni por Twitter a las peticiones para una entrevista.

La inundación fue el amargo anticlimax de una batalla que ha llevado a miles en todo el país a tomar las calles, y al gobierno a tomar medidas extremas para asegurar la realización de la presa.

Barro Blanco es sólo una de las más de 30 presas que han sido construidas con docenas más propuestas o ya en marcha en Panamá, y está lejos de ser la más grande, con una capacidad generativa de sólo 28 kilovatios y un territorio afectado de menos de 18 hectáreas. La severa represión policíaca contra los manifestantes, principalmente indígenas, ha generado la reprobación de la comunidad internacional, y el 17 de Marzo el caso fue uno de los muchos escuchados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington D.C. (Ver la historia relacionada)

“Ellos saben que es un proyecto menor” dice Osvaldo Jordán, director ejecutivo de la organización panameña sin fines de lucro Alianza para la Conservación y el Desarrollo, uno de los grupos que solicitó la audiencia. “Si hubiera una sola ley funcional en este país, esto hubiera sido cancelado hace mucho. Sin embargo, hay un elemento simbólico que el gobierno no quiso permitir que ocurriera… que es el que un grupo de gente tomara una firme posición sin grandes recursos y lograran echar abajo un proyecto como éste.”

El rol de un Hermana

En su apogeo en el 2011, y de nuevo en 2012, la batalla para detener la presa efectivamente cerró el comercio en la parte occidental del país, cuando miles de manifestantes Ngäbe-Buglé y sus aliados bloquearon la carretera Panamericana. La hermana de la Orden de la Misericordia, Edia López, estaba entre ellos.

“Llegué al área buscando dar mi servicio como misionera con la población más pobre del país, sin darme cuenta de que estaban enfrentando un muy grande problema con la tierra y el agua”, dice López, conocida como “hermana Tita” en toda la provincia de Chiriquí. Nativa de Chiriquí, ella ha estado trabajando en la comarca desde 2010, cuando se mudó desde otro distrito cerca de la frontera con Costa Rica. Es una mujer pequeña y expresiva, risueña y de una aguda inteligencia, ella ha presenciado la severa represión policiaca que ha tenido lugar. Con lágrimas en los ojos recuerda haber visto a muchos activistas indígenas heridos en confrontaciones. Después del enfrentamiento más fuerte, le tocó organizar un equipo para buscar entre los matorrales los cuerpos de la gente que había desaparecido.

Mucho antes de que el Papa Francisco publicara la encíclica “Laudato Si, sobre el Cuidado de Nuestra Casa Común”, López estaba dedicada a problemas de tierra y agua. “Siempre tuve una pasión por el tema de cuidar nuestra casa común, estuve involucrada en la lucha contra la minería de la población indígena y los líderes locales,” dice ella. “Fue una lucha tremenda.”

Todo lo que queda de la granja de Bulu Bagama, un recinto familiar que alguna vez fue el hogar de más de una docena de personas. (Tracy L. Barnett)

Ella cuenta que al principio, las luchas contra la minería y contra las presas hidroeléctricas estuvieron ligadas. El movimiento ganó una victoria con una ley para detener la inversión internacional en la industria minera en el 2011 y con una nueva ley para prohibir la minería en la comarca en el 2012. Pero un número creciente de presas hidroeléctricas aún estaban en marcha, incluyendo Barro Blanco, y la lucha continuó.

“Honestamente yo no sabía qué hacer, pero ahí estábamos en las calles, en las manifestaciones y en las reuniones con los líderes, los coordinadores, los líderes comunitarios”, dice López. Se encontró ayudando con la logística, mediando con los líderes gubernamentales y la policía — funciones que estaban más allá de cualquier cosa que ella hubiera imaginado, pero era lo que se necesitaba, así que lo hizo.

“Yo era sólo un testigo, un apoyo logístico, un apoyo moral, un apoyo espiritual, una amiga de los líderes. Apoyé en todas las formas que pude.”

Bosque Muerto

La familia Jiménez perdió todo lo que tenían en esa inundación. La angustia de Bulu se transforma en ira mientras relata todo lo que su familia ha perdido, y luego cuenta cómo el gobierno primero negó la existencia de su comunidad y después trató de comprarlos.

Río arriba, la familia Miranda también lucha con la pérdida de su río y su granja, y continúa con lo que parece ser una batalla perdida para conservar sus hogares y su estilo de vida.

El rostro de Göejet Miranda se ensombrece al sumergir su remo en las turbias y fétidas aguas del embalse de lo que fue el Río Tabasará, a través de un corredor de muerte – los enormes y viejos árboles que alguna vez sombrearon un río claro y que fluía libremente ahora son esqueletos grises contra el seco cielo azul. Estos árboles proporcionaban alimento a una amplia variedad de peces y camarones de río que eran una gran fuente para la subsistencia de la gente, dice Miranda: la mayoría de las especies de peces y camarones han muerto desde que la presa comenzó a operar.

Él atraca su lancha y escala hasta llegar al fango junto a los vestigios de lo que los agroforestales modernos hubieran llamado un bosque comestible diverso, que la comunidad había cultivado por generaciones. Alguna vez produjo una vida de abundancia – mangos, plátanos, papayas, membrillos, naranjas, piñas, cacao, café, camotes, frijoles, maíz y muchas cosas más eran su principal fuente de comida y de dinero. Más de 40 clases de plantas medicinales que servían como una farmacia natural ahora yacen bajo una gruesa capa de lodo.

El recinto de la familia Miranda está en terreno más alto que el de los Jiménez, por lo que el agua aún no llega a sus hogares. En el corazón de su terreno está el centro cultural y educativo donde su padre Manolo Miranda desarrolló la forma escrita del Ngäbere, la lengua del pueblo Ngäbe. El embalse ahora desconecta la aldea de Kiad y el centro educativo del resto del mundo – lo que antes era una caminata de menos de una hora al pueblo más cercano, ahora son dos horas.

Weni Bagama, hermana de Goëjet Miranda, es una líder del Movimiento del 10 de Abril – el primero de dos diferentes movimientos Ngäbe enfocados a detener la presa – y una representante del Congreso General Ngäbe-Buglé, al igual que Miranda. Ella lucha para sobrellevar la pérdida de su río alimentado por manantiales, donde ellos se bañaban tres veces al día, y lavaban su ropa, y jugaban y que ahora es un maloliente criadero de mosquitos rodeado de acres de fango. Ahora debe escalar cuesta arriba a su única fuente de agua limpia: un pequeño tubo de agua que baja de un manantial en lo alto del cerro.

A principios de marzo, el nivel del agua disminuyó lo suficiente para dejar a la vista la devastación de lo que antes fue su bosque de galería. Ahora están enfrentando la temporada de sequía más calurosa de la que tengan memoria, temerosos de una temporada de lluvias y un aumento en el nivel del agua que podría marcar el final de sus vidas en Kiad.

Weni Bagama, diputada del Congreso Ngäbe-Buglé y líder en la lucha contra Barro Blanco, en camino a una junta en la capital de la comarca, Llano Tugri. (Tracy L. Barnett)

En el campamento

López es una visitante frecuente en el campamento del Movimiento del 22 de Septiembre, el cual se encuentra a lo largo de la Carretera Panamericana, al lado de la entrada de las oficinas de Genisa. Ella llega justo a tiempo para la ceremonia de oraciones del atardecer y se dirige al terraplén en un rústico establecimiento entre los escasos árboles. Cerca de 30 creyentes de la religión Mama Tatda, practicada por la mayoría de los ngäbe, se reúnen bajo el tejado de palma que funciona como iglesia del campamento. Sus hechizantes voces se elevan mientras oscurece, y cantan y oran en su lengua nativa, ngäbere.

Su líder es Clementina Pérez Jiménez, una mujer intensamente espiritual que pinta su rostro antes de ir a la batalla. Además de ser una líder local, Clementina es la coordinadora nacional del movimiento espiritual de resistencia del Movimiento del 22 de Septiembre, nombrado por la fecha en 1962 en que su profeta, una mujer llamada Besiko, tuvo una visión que los exhortaba a abandonar el moderno estilo de vida materialista y a proteger la Tierra y sus tradiciones culturales.

“La Virgen bendita dijo claramente que si no se cancela este proyecto, habrá un desastre en el mundo, y no queremos que haya ese desastre en el mundo”, advierte Clementina, de 43 años, quien tenía sólo 15 años cuando se unió al movimiento estudiantil. Era la líder del campamento frente a la entrada de la presa en Mayo del año pasado cuando la policía envió brigadas antidisturbios para quitarlos a la fuerza. Ella tiene copias plastificadas de las notas periodísticas del 25 de Mayo del 2016 que muestran a un grupo de policías rodeándola y sujetándola mientras ella estaba acostada enfrente de las máquinas, vestida con su tradicional vestido nagua blanco.

“Tenemos que respetar la vida de la naturaleza, para poder tener paz con Dios, porque si no respetamos las leyes y reglas de Dios de la vida en la Tierra, entonces no podemos existir en el mundo”, me dijo seriamente. “Está claramente anunciado, ‘Si los pueblos indígenas son golpeados; el agua se secará o se convertirá en sangre.” Nosotros no queremos que eso pase con los pueblos de América o de otro pueblo.”

La represión policiaca alcanzó el clímax bajo el mandato del ex presidente Ricardo Martinelli, 2009-2014, cuando cientos de manifestantes indígenas fueron heridos y muchos, asesinados. El actual presidente Juan Carlos Varela buscó una imagen más suave e inicialmente prometió cancelar la presa, y comenzó 12 meses de negociaciones con los líderes Ngäbe.

Sin embargo, al final se cambió de bando y persuadió a la actual líder de la comarca, Silvia Carrera, para firmar un acuerdo en agosto pasado permitiendo continuar con la casi terminada presa a cambio de algunos bienes y servicios para la comarca.

Clementina Pérez Jiménez, líder de la Iglesia Mama Tatda y del Movimiento del 22 de Septiembre para detener la presa Barro Blanco, nombrado por el día en que Jesús y la Virgen María se aparecieron a la profeta Ngäbe-Buglé, Besiko. (Tracy L. Barnett)

Una celebración amarga

Llano Tugrí, la capital de la comarca, es un frente remoto golpeado por el viento en entre las cimas de la Cordillera Central, al que se llega en un escabroso viaje de más de dos horas en una pickup con 15 personas en la caja, sentados en bancas de madera.

Entre ellos se encuentra la respetada diputada Ngäbe y líder de la resistencia Weni Bagama. El grupo se dirige a la capital para celebrar el 20mo aniversario de la comarca. Ellos llegan a medianoche y duermen algunas horas en un rústico refugio. A pesar de los intensos vientos y bajas temperaturas, Weni despierta temprano para bañarse en el río, un preciado ritual que ya no es posible realizar en su amado Tabasará. Sale reluciente y fresca en su vestido nagua azul brillante, lista para enfrentar el día.

Ella ha esperado este día para hacer su entrevista, en la capital de la comarca en su vigésimo aniversario para enfatizar en su argumento. La creación de la comarca se logró después de años de lucha, dando al pueblo Ngäbe autoridad sobre sus propias tierras. Barro Blanco es una clara violación a esa ley, dice Weni, así como muchos otros, nacionales e internacionales, que ella enumera, y su presencia amenaza la integridad de la comarca.

“El gobierno lo hace parecer como que esto no es la gran cosa, sin tomar en cuenta los derechos humanos que están siendo violados, sin ver que nuestras casas están siendo inundadas” ella me dice. “Lo que queremos es aclararle al público que este muro nos fue impuesto. Cuando comenzaron con este proyecto, comenzó con la intervención de la policía. El foro público se realizó con policías. Cuando construyeron las paredes, fue con la policía. Cada paso en el proceso fue impuesto por la policía.”

Lo que el Movimiento del 10 de Abril está solicitando ahora, dice, es que los niveles del embalse sean disminuidos debajo de los límites del territorio Ngäbe. No es suficiente para reparar el daño o para arreglar el río, pero es una solución con la que ellos pueden vivir.

En un día dedicado a celebrar, muchos de los presentes no están en un ánimo festivo, en parte por Barro Blanco.

Carrera, la actual cacica o jefa, observa a la multitud desde atrás, se observa seria y cansada bajo su blanco sombrero de ala ancha. Siendo la primera cacica de los Ngäbe, ha sido una voz fuerte al frente de las marchas y los bloqueos a los caminos. Pero algo cambió en agosto pasado, cuando ella firmó el acuerdo con Varela ahí mismo en la capital de Llano Tugrí. Casi fue destituida por su propia gente, quienes estaban furiosos por el acuerdo.

Ella sigue oponiéndose a la presa, dijo a Global Sisters Report, y a cualquier otro proyecto extractivo en la comarca. Ella sólo firmó el acuerdo porque la presa ya estaba construida y sintió que le correspondía a ella negociar algunos beneficios para la comarca a cambio de su territorio perdido y su río arruinado: empleos para la gente, un cierto porcentaje de ganancias, bienes y servicios. Terminó resentida cuando su pueblo se opuso al acuerdo, la presa fue terminada y la comarca se quedó con nada más que conflictos.

Pelar la cosecha de frijol es una actividad familiar, parte de la vida diaria en la comunidad de Kiad. (Tracy L. Barnett)

“Aprendimos cuando los españoles vinieron y tomaron nuestro oro a cambio de espejos” ella dice tristemente. “Los recursos son nuestra Madre Tierra y son nuestros para cuidarlos.”

López está entre aquellos que observan el potencial de una amenaza aún mayor. Uno de los más severos impactos de la continua presión sobre las autoridades Ngäbe para ceder sus tierras ricas en bienes naturales ha sido el intensificar las grietas que se abren dentro de las comunidades cuando se celebran tratos sin el apoyo de la comunidad. Ella dice que a la larga, esta interferencia ha afectado la gobernabilidad entre los Ngäbe.

Evidelio Adames, un profesor de biología en la Universidad de Panamá que creció con los Ngäbe y que ha servido como investigador, testigo y mediador durante el conflicto, coincide.

“Ellos tienen su propia sabiduría, y tienen la capacidad de prevenir estos problemas, pero el gobierno y las corporaciones los están enredando” dice.

Él ubica las raíces del conflicto en el 2007, cuando el gobierno abrió ofertas de licitaciones para compañías interesadas en construir una planta hidroeléctrica en el Tabasará. “Esa subasta fue hecha sin previa consulta, y ese fue el primer pecado capital”, dice él. “patrones culturales se han visto afectadas una cuenca se fragmentó, y eso impacta todo.”

De vuelta en Kiad, Manolo Miranda, hermano de Weni y Goëjet, se sienta en una hamaca en la escuela al aire abierto, y se mece suavemente adelante y atrás creando su propia brisa mientras reflexiona en la ironía de una aldea sin electricidad siendo inundada por una presa hidroeléctrica. Kiad cuenta con un panel solar para cargar sus teléfonos celulares y computadoras; ellos no necesitan la energía hidroeléctrica.

Ha sido una pelea dura, dice, pero aún no ha terminado. Y sin importar lo que suceda, la batalla contra Barro Blanco ha ganado más de lo que ha perdido.

Señala el éxito obtenido presionando al gobierno panameño para retirar la capacidad de la compañía de emitir bonos de carbono – hasta ahora, el único caso en el mundo donde esto ha sucedido – y los vergonzosos esfuerzos de persuasión contra los bancos de desarrollo holandeses y alemanes que ayudaron a financiar el proyecto.

“Nosotros sabemos que esta lucha por el camino justo ha ganado. Y sabemos que aunque pongan a funcionar el proyecto, funcionará bajo vergüenza de ellos, y no la nuestra. Porque nosotros hacemos valer la justicia, y ellos no respetan la justicia.

“Hemos ganado mucho, y seguimos ganando. Los ojos del mundo están todavía sobre Barro Blanco. Ha sido un ejemplo no sólo para el gobierno, y para Panamá, sino ha sido una experiencia para las empresas, y tanto para las instituciones financieras. Y aun la resistencia no ha terminado. Los bancos verán lo que sucedió con Barro Blanco y aplicarán esta experiencia para otros proyecto. Este antecedente no es sólo para Panamá, sino para todo el mundo.”

Manolo Miranda desarrolló la forma escrita de la lengua Ngäbe, llamada “Ngäbere” cuando recibió una visión debajo de un árbol de zapote cerca de Kiad. Ahora enseña y escribe libros en el centro especializado de lenguaje y cultura de la aldea. (Tracy L. Barnett)

Tracy L. Barnett es una escritora, editora y fotógrafa independiente especializada en asuntos ambientales, derechos indígenas y viajes sustentables.

Republicado con permiso de GlobalSistersReport.org.

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